13 de junio del 2016

El factor fiscal en la internacionalización.

Una compañía que inicia el proceso de internacionalización debe enfrentarse a nuevos retos de muy diferentes ámbitos. Generalmente, el problema más atendido por las empresas es la búsqueda y captación de nuevos clientes. No es para menos, ya que sin ventas es difícil la supervivencia en el entorno global.

Sin embargo, las compañías no deben descuidar otras áreas que contribuirán de manera sinérgica a lograr los objetivos de rentabilidad, eficiencia y creación de valor.

Un elemento decisivo en el proceso de internacionalización es el factor fiscal, para lo que la empresa debe planificar una estrategia fiscal a escala internacional. En este post se proponen diferentes aspectos a tener en cuenta con el objetivo de simplificar este proceso.

Para ello, hay tres cuestiones básicas a las que la empresa debe responder: dónde invertir, cómo invertir y cómo realizar la desinversión.

Las respuestas a estas preguntas deben conducir a la consecución de los objetivos fiscales de la empresa, como lo son: reducir la carga fiscal y los riesgos fiscales o garantizar una circulación eficiente de la tesorería.

¿Dónde hay que invertir?

El primer paso consiste en elegir el país que mejor se adecúe a los intereses de la compañía. Esta cuestión supone evaluar el efecto conjunto de la tributación de las operaciones en todas las jurisdicciones afectadas. Para ello se debe realizar un análisis detallado de diferentes aspectos, tales como la legislación fiscal del país, los tipos, los impuestos, etc.

Pero no puede olvidarse el análisis de la propia normativa española, con la intención de evitar la doble imposición en el impuesto de sociedades.

¿Cómo invertir?

Es la segunda cuestión a plantearse. En esta fase se deben examinar las estructuras jurídicas, de inversión, de financiación y la operativa.

  • Estructura jurídica. Decidir entre filial o sucursal. La diferencia es que la filial tiene personalidad jurídica propia, en cambio la sucursal no. La filial es independiente de la matriz y fiscalmente sometida al estado de residencia; por ello, puede deducir los pagos en forma de patente, intereses y cánones, pero no puede compensar pérdidas con la matriz. Por el contrario, en el caso de la sucursal no son deducibles los pagos de intereses y cánones, pero sí los gastos de dirección.
  • Estructura de inversión. Puede ser de dos tipos: directa e indirecta. En la primera, la matriz participa directamente en la filial operativa con una estructura societaria simple. En cambio, la indirecta se basa en la estructura de holding que servirá de vehículo societario independiente para la inversión en el exterior.
  • Estructura de financiación. La inversión puede realizarse a través de capital o mediante deuda. En el caso de optar por capital, la mejor opción es fijar un capital mínimo en filiales. Si la opción preferida es la inversión a través de deuda, se tendrán en cuenta aspectos fiscales, como: deducibilidad de los intereses, retención de salida de intereses pagados a entidad española o intereses computables en España. No obstante, lo óptimo sería una combinación entre la deuda y el capital.
  • Estructura operativa. Se trata de establecer la estructura organizativa de los flujos de renta procedentes del extranjero (repatriación de beneficios, intereses, royalties …). Además, se deben aplicar la normativa española y extranjera en materia de precios de transferencia.

¿Cómo realizar la desinversión?

Ésta debe planificarse a raíz de su comprensión global como venta de activos + repatriación de beneficios + venta de acciones.

 

Las respuestas a estas tres preguntas deben ayudar a la empresa a planificar, de manera coherente y eficaz, la estrategia fiscal para el nuevo país en cuestión. No debe olvidarse que esta nueva estrategia deber ir en concordancia a la estrategia de inversión general de la compañía y contribuir a los objetivos generales de la misma.

  • By BusinessGoOn